jueves, 12 de junio de 2008

Antes de la Cena

Me miraba una y otra vez en el espejo: el vestido azul me quedaba tan bien, y las sandalias eran preciosas, estaba segura de que le encantarían. Llevaba una semana probándome el conjunto cada tarde, sabía que todo iría sobre ruedas. Hasta unas horas antes de la cena.

Seguía allí parada, con el vestido azul y las sandalias, tan perfecta ante el espejo. Inmóvil, como quien no puede creerse el reflejo de su propia vida, como quien no acepta la verdad de las palabras ni las mentiras del viento. Y la ilusión y las ganas se habían convertido solo en miedo y en gritos y en un universo borroso. Guardé las sandalias en la caja, y volví a colgar el vestido azul en el fondo del armario a sabiendas de que, probablemente, no lo volvería a sacar en mucho tiempo. El maquillaje se mezcló con el rimel y dejó surcos negros en la almohada, tatuando la prueba imborrable de una noche de insomnio más. Me sentí vacía y sola al entender que, de nuevo, estaba castigada sin cenar.

Vir

Alisas con cuidado la última arruga del blanco mantel. La oscura habitación parece adquirir un ambiente onírico bajo la luz titilante de varias velas estratégicamente colocadas, arrojando sombras chinescas que parecen bailar y contornearse alrededor de las copas de vino. Los cubiertos han sido situados con esmero, atendiendo al factor estético y a la utilidad práctica. Nada puede estar fuera de lugar, todo debe estar perfecto. En un rápido viaje a la cocina, traes las dos fuentes de la ensalada de foie y jamón de pato que llevas una hora preparando, y las colocas con cuidado en la mesa, dejando a un lado las servilletas. Como último toque de distinción, doblas las servilletas de esa forma que te enseñó tu madre cuando eras pequeño, como suelen doblarlas en los restaurantes de lujo, y colocas una brillante rosa roja en un pequeño jarrón en medio de la mesa. Suena el timbre de la puerta y enciendes la música cuando te acercas a abrir -Canon en Re mayor de Pachelbel para tres violines y violonchelo, una de sus favoritas-.

Abres la puerta, y su radiante sonrisa te dice que no le importa que la mesa sea un tablón sobre una caja, que las sillas sean dos cojines en el suelo, que las servilletas sean de papel, los platos de plástico, el jarrón un simple vaso o que la música suene desde un MP3 en tu portátil. Sus ojos te dicen que, para hacer magia, no hace falta ser un mago, sólo amar con locura.

Sarg

8 comentarios:

Rhiannon dijo...

La parte de Sarg me ha hecho ponerme sensiblera... que romantico...

Sarg Bjornson dijo...

Gracias, me alegra que no suene ñoño :)

David Martín dijo...

A mí también me ha molado mucho la parte de Sarg. Tiene ese toque romanticón del que hablaba rhiannon.

La de Vir también mola. Pero mira, Vir, el final me ha despertado una carcajada inmensa, porque mi amigo Luca utiliza "a la cama castigado sin cenar" como eufemismo. XDDD

Pero muy bien. Me alegra comprobar que Luz Oscura sigue su camino en ascenso. ;)

Virginia Vadillo dijo...

jaja, sí, David, me ha salido la vena adolescente. Que conste que a mí nunca me han castigado así, pero me hizo gracia la idea, jejeje
Gracias por los coments, y también gracias a ti, Rhiannon!!

María dijo...

A mi lo que me gusta de este es que habeis cambiado las tornas ;-), esta vez a Vir le toco la parte Oscura...

:-)

Siberia dijo...

"Castigada sin cenar" Así me siento yo Vir. Gracias por expresarlo de esa manera tan especial.

Virginia Vadillo dijo...

Mery, aunque no lo parezca, he hecho bastantes de la parte oscura! ;)

Siberia, gracias a ti! =) Ese no poder "cenar" cuando tienes hambre es duro, pero tranquila, los castigos no duran eternamente! ;)

Besos a las dos!

MOIRA dijo...

Me encanta leerte!!!!
Paseando por tus luces y sombras un ratito antes de irme a trabajar...

Te dejo un abrazo